• Historia

    • Es sabido que la singularidad de la Shoah no tiene precedentes ni en la historia general de la maldad ni en la historia específica del antisemitismo. La Shoah se distingue de los otros múltiples actos genocidas. La peculiaridad frente a tantas, tantísimas atrocidades del hombre contra el hombre, es que en el caso de la Shoah había que aniquilar a los judíos por la simple y sencilla razón de que existían. No eran enemigos, no eran adversarios, no eran peligrosos, no eran invasores, no eran culpables, no eran usurpadores, no eran perversos, no eran malignos y no eran, más que judíos. Los nazis decretaron que los judíos no debían ser; los judíos fueron perseguidos por ser, tan sólo por existir.

       

      Pero, el Pueblo Judío existe. Una de las respuestas  más vigorosas de nuestro pueblo frente al afán exterminador de los nazis fue, ni más ni menos, el establecimiento del Estado de Israel. Frente al riesgo de la aniquilación, la vida se sobrepuso a la muerte, a los millones de muertos inocentes, a quienes no debemos olvidar nunca, para que nunca jamás se niegue a nadie el derecho a existir, el derecho a ser.

       

       

      Auschwitz, Treblinka, Majdanek, Bergen Belsen, Belsek, Chelmno y otros, permanecen, y debe permanecer en la conciencia de  la humanidad, como un referente indispensable, en  el sentido ético de los individuos de todo el mundo.           Es necesario recordar, con-memorar (que significa tener una memoria colectiva), porque la virtud, la bondad, el respeto, la  tolerancia y, en una palabra, la humanidad, debe vencer a la barbarie.

       

      Hemos de pasar de la oscuridad a la luz.

      Sobre ese tránsito versa, precisamente, la iniciativa que conocemos como Marcha de la Vida, que en México fue establecida hace ya dos décadas. Cada año, después de un  extenso proceso de preparación,  grupos de jóvenes judíos  de todo el mundo—y, en ocasiones, amigos  no judíos— visitan, con el alma enlutecida, los vestigios de lo que fue la vida Judía en Polonia, las ruinas infernales de Auschwitz , Treblinka, Majdanek  y otros campos de concentración y exterminio, marchando hacia la vida, por  los mismos senderos, por los que nuestros hermanos marcharon hacia la muerte.

       De ahí,    se  procede a   celebrar la vida  llegando  a Israel.  La euforia y sensación de libertad, la  alegría  del  festejo de   la Independencia del Estado de Israel,   se hacen manifiestos.

       El carácter simbólico es profundamente significativo: se trata de un  recorrido que va de la muerte a la vida, de la Shoah a Israel.

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